martes, 6 de noviembre de 2012

Patria




Enciende la vela.

No queda mucha luz ya.
Acerca el pedernal con gesto cuidadoso y hazlo restallar para que podamos vernos las caras. A veces creo que olvido tus líneas de expresión y necesito resfrescar mi memoria en la lectura de viejas fotos donde el tiempo quedó encallado y los colores estropeados.

Libera un poco de gas.
Alimenta con él al suspiro de fuego y ahoga un poco del aire que llena la estancia. Haz crecer a lo presumible, aunque resulte extrañamente fácil.

Ya está prendida.
Escuchemos juntos el vomitar de la cera, el hilado de la llama entre los tejidos enhebrados del lienzo. En la boca de su calentura quizás tentaríamos una velocidad más cansada, más propia de la desesperanza que ahora vivimos.

La llama nace frágil; y, tímida, entre bocanadas, se establece al tomar base de grito. Pero se extingue con fineza, tan solo con un movimiento en falso o un halo abrupto. Así que enternécela entre tus manos.

Acércala.

Con ella respira un mundo extinto, un sinfín de vidas extrañas que se revuelcan en los planos y que crepitan celebrando un éxtasis creativo. En su vida de mariposa nos dicen tanto que moderarlas sería como intentar endulzar el mar. En el revoltijo perderíamos la concreción y nos daríamos a un gusto engañoso: somos garabato que choca naturalmente contra los muebles de la habitación.

Acércala.

Ya recuerdo tus ojos aunque se suman en lo descolorido. Sus brillos resultan arcanos y sus líneas poco desdibujadas. Los prefería trabados en el bamboleo de trazos azules y oro. Aún podemos soñar estancias distintas y tiempos alternos: mixtura de experiencias.

Ya recuerdo el cabello apagado, mechado, de pardeza tangente, trabado, enredado en sombras. Solíamos peinarte con manos traviesas, intentando aplacar el temporal con hojas de seda.

Acerca la vela.

Tanto que podamos respirarla. Juguemos a ensayo de vida. Pero no juguemos demasiado en serio porque, a veces, en lo niño, pudiera ser que una risa impensada mudara nuestra obra en llanto agridulce.

Ya somos engaño o llama: bienvenido a mi país.

2 comentarios:

José Ángel Gozalo dijo...

Hola Victor te he descubierto en el blog de Ismael Serrano y me gusta como escribes. Me he unido al blog para seguirte.

Ahora mismo estoy participando en un concurso de mensual de microrelatos junto con otros escritores noveles de mucho talento. Te invito a que te pases por allí. Vale la pena solo por el puro placer de leer.
Se llama: Esta noche te cuento.

Un saludo, te siguo

Víctor Zalalla dijo...

Buenos dias, Jose Angel! Muchas gracias por la critica. Eres muy amable. Por supuesto que entro hoy mismo y dejo mi comentario.
Un saludo y estamos en contacto.

La sociedad del cansancio

Últimamente, cada vez que salgo de casa, me enfado. De hecho, creo que no hace falta salir de casa para enfadarme; con abrir la ventana...