jueves, 22 de julio de 2010

Huida

Improvisación vivida------------------------------------------------------------

Huida.

Desnudo el recelo, vuela libre entre notas escondidas en la brisa. Camino por las calles de la Habana con aire funambulesco, y pregunto a las calles si vieron pasar al recato olvidado, de entre sus tobillos carnavalescos. No olvida la serenidad sus ojos de tierra. Pensaba que, entre los arces, sublimaría la piel el roce de una danza pícara, mas se pierde la vista en el horizonte del mar de Cuba.

Entre tanto suenan acordes de Oriente, y busca la vista, entre el azul del cielo, las estrellas vespertinas. Se vierten las pupilas sobre el ansia de unos besos de madera que no llegaron salvo en la frescura de lo interiorizado, vacuo, y perpetuo: herida de asta.

Solíamos entendernos en las sombras, pero con herida finjida. Así, las olas de caos se enternecen a cada recodo suspirado.

Solíamos reir con entusiasmo de pincel a mano alzada, pero con quema de mimbres. En lo advenedizo, guarda el destino su hijo de fuego.

Solíamos, de entre lo político, sacar lugar a la utopía, a la falacia tal vez. No alcanzamos a ver cuán roto esta el velo de la somnolencia. Duele cada roce, aunque sea irónico. Somos serios hasta en lo cruel.

Esperábamos, juntos, a un atardecer alternativo. Pensábamos, soñábamos, ensimismábamonos. No quiere el bosque regalar tanto afán de nacimiento.

A veces, se atisba en ti un recuerdo de Huldra, bella como la noche, y astuta como las aguas del mar. Se derrama el cuerpo sobre tu alboroto con deseo de venganza, y, así, se vence el ánimo y la nobleza cae a propósito en la vorágine del mito. Encierras en tu fondo una calma impensable para la razón. Eres Circe en mis brazos.

Solíamos jugar a humanidad, pero olíamos a sombra en verano. Rescatábamos de entre los escombros lo señalado por el dedo para darle márgenes de oro. Así, el lenguaje moría nada más mencionado. Metalingüística de vida.

Solíamos callar de noche, con prejuicio cuarentón: somos vejez prematura. Volvíamos de esparto los linos y los terciopelos a fin de ser ignorados por lo religioso. No amamos sino a nosotros mismos, y a nuestra danza con el eterno. No teatralizaremos más, pues cercano está a nuestros dedos la caricia del marmol deseado, blanco como cada recuerdo de lo no vivido.

Esperábamos fineza en las formas y profundidad en el fondo: somos carmín en el matiz. Corríamos, tropezábamos, jugueteábamos: acertábamos.

A veces, se observa un relámpago en tu movimiento que recuerda a Andrómeda y sus cadenas. Un comienzo de frigias escalas que emprenda una epopeya donde seas Dido en su alcoba de ébano y cortinados de algodón númida. Soy Eneas a tus ojos de cobre.

Solíamos estrecharnos, arrugarnos, entretejernos. Solemos vestirnos con nosotros mismos, y así, ser nuevamente lo que queramos.

Entrega.


1 comentario:

A. dijo...

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