martes, 6 de marzo de 2012

Ventana nº 1



Venox

En esos días perdidos de invierno se le ve pasar montado en una estela de estaño desafiando a la brisa y haciendo harapos la gruesa cortina de lluvia, abriendo surcos en el agua embalsada en el asfalto como una exhalación temorosa del enraizamiento.

Se dibuja su contorno sosegado y oscuro bajo el cielo, y descubre su cansado semblante bajo el alunizaje embahído del casco. Pareciera un siniestro corcel de moderno trazo. Un girón de negra nube en medio de un cielo gris plomizo.

En el trasiego de la tarde – noche las hojas disponen su particular alfombra de cobrizos y ocres para el paso fugaz; y acuñan, en su blando rostro, la leyenda sugerida por la presta herradura. Quisieran provocar la caída para arroparle en tibio manto.

Las estrellas se alzan para saludarle ganando la batalla al día, que habrá de revolverse horas más tarde para iluminar un nuevo paso adelante en el raudo camino. Ya advierte el oficio del día, y sonríe vanagloriándose del irónico cuento.

No hay tiempo para añadir su grano de arena en la pequeña historia; tan solo un eléctrico borrón de grafito que al menos invite a la duda y dé cuenta de que no fue sueño olvidado al despertar.

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La sociedad del cansancio

Últimamente, cada vez que salgo de casa, me enfado. De hecho, creo que no hace falta salir de casa para enfadarme; con abrir la ventana...