martes, 10 de enero de 2012

Locura



Locura. Visceral y desternillante locura.
Baja desde la comisura de los sabios para manchar el cuello y los montantes de grasa bajo la piel. Se esparce como bilis en las líneas que desean no existir para maltratar a la espina dorsal con su calambre nervioso.

Hoy no hay mares enmbravecidos, ni calmas de cielo, ni lluvias intensas, ni siquiera un frío tempestuoso. Hoy cierran los colores y caen los cabellos. Hoy no existe el silencio ni los rincones de sombra. Hoy no existe nadie sino el ego mismo que desea salir de entre las migajas del cuerpo, de entre los hilos que marcan cicatrices. Hoy no hay poesía ni vapor de agua. Hoy no hay tés salinos ni perfumes de salvia. Hoy asquea el propio gusto de pertenecerte y de requerir la perfidia y el deshonor en los actos. Pero hoy también existe el miedo. Siempre miedo: agudo, vomitado treinta y dos veces, vuelto a tragar: execrado.

Locura. Mantente cerca, locura. Quiero tenerte de razón para seguir no siendo el causante de mis actos. Métete con rabia en los intestinos y busca con ellos un espasmo espumoso. Quiero expulsarme de mi mismo, quiero la burla infame de los adentros. Requiero la muerte para reirme de mi mismo y sentir que vivo con sentido alguno.

Locura. Vence el miedo por mi y hazme respirar con fuerza hasta que no pueda seguir respirando, hasta que el aire no desee entrar en mis pulmones porque se envilecería.

No me toques, Locura. Sólo insinúate. Deja que me arranque la piel esperando encontrar algo debajo que indique mi humanidad. Deja que hoy borre y borre líneas, porque si las desarmara hablaríamos de tu no existencia.


1 comentario:

Begoña dijo...

A veces hace falta desnudarse de todo aquello en lo que nos hemos convertido para volver a ser nosotros mismos.
Bienvenidos la locura y el miedo, si nos ayudan a encontrarnos.

Besos

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