sábado, 15 de diciembre de 2012

Diciembre


Encuentro

A esta hora de la tarde veo acercarse la lluvia a mi ventana, y llamo al viento para que aleje su llorosa fatiga, y con ella el deseo de suicidio.

Los ojos, otrora desengañados, se desojan y piden albricias para el otoño que no llega, pero que permanece latente en el alma, siendo ya sojuzgado por la muchedumbre que es el individuo.
No recibí vanidoso aquella caricia de invierno bajo el calor de los candiles, sino rabioso de historia común, sigilosa historia, entretejida, sumergida en esbozos de aire nuevo otorgado con los labios. No recibí conpungido aquel siseo doliente en la piel, creyendo por ello merecerlo o vencedor de ira, sino cambiante como la noche primaveral, abriendo paso a la mañana, desconocida por los campos insondables del ánimo. No atisbé soberbia en el recibo, sino deseoso de esperanza en las palabras y los gestos; y perdido entre las sillas reclamé el tesoro de tu aliento, malhechor por la condena de mi sangre al anhelo dehallar la tuya y bajar juntas al mar de la calma, del encuentro. No había saber en el canon propuesto, y sí virtud de fallo en el boceto, descarando el cincel y arrasando la piedra para darle forma de llama, y calor con ella.

Las manos coletearon gozosas en la arena del descuido para arañar caricias juiciosas, atrevidas, nerviosas; y soltaron de sí la alegría del intento, para verterse sobre tu latido, arrastrando de él un vaho pobre con aire de remite. Y señalaron el camino a tus muslos, pero sin sentido alguno más que la sonrisa entendida tras las entremiradas sentidas.

No verdecí floreado del triunfo de tu abrazo, sino con la ayuda del nutrido arropo de tu cabello entre confidencias nerviosas. No entoné el murmullo de las aguas que limpiaban fuera el cielo, sino que dejé que mojaran con aplomo la vida que deseaba fuera tuya, para entregarla también limpia y mondada para el paladar.

En el ruidoso atropellar de los besos debimos hundirnos en la ironía que nunca fue quiste, sino peca, y que, a la par, formó constelación con las estrellas del cielo, que ahora son alcanzables.

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