lunes 24 de septiembre de 2007

Ojos


Sin subtítulo

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Todos los ojos escapan de la sala. Prefieren ya centrarse en otra cosa, ser gatunos para con ella y abalanzarse con aire lúdico y criminal sobre ella. Son gatos traidores.

Ojos. Ojos de todos los colores. Azules, verdes, marrones, traidores. Te atraviesan el alma esperando obtener respuesta sincera a su provocación. Algunas veces rabiosa, otras templada, antaño soberbia, y ahora subversiva. Son cuchilladas de cinco dedos, no condenables.
Airean las vergüenzas y resaltan lo más humano, pues la máscara, esa “gota de madera pintada por el mito”1, no oculta ni los huesos ni los órganos. No puede sostenerla esa cara soslayada y descarnada, ha perdido su adherencia.

Esos ojos, han sangrado a este alma, hasta hacerla desaparecer convertida en piel mudada o en polvo: vuelta a la tierra. “¿Dónde estás ...?”2
En la tiniebla de esta sala, aunque tibia, se esconde descamisada la memoria. Trofeos de tiempos siempre mejores parecen prolongación de su contorno, pero está abandonado todo recuerdo. El pasado ya no importa, solo quedo sobre el escrito. ¡Qué vacío dolor el de la inmemoria! Es el dolor más agudo reservado para el hombre. ¿Qué es el hombre sin memoria ni nombre? Sombra. Sombra que aguarda bajo la sombra.

Esos ojos debieron marchar antes para no contemplar el dolor, y así permitir el desangrado. Una vuelta a la adolescencia para volver a ser. Para juguetear de nuevo entre el niño y el hombre, siempre por ello avergonzado, inexperimentado, dolido, vivo, tremendamente vivo.

Arañado han estos ojos el vuelo rasante de las faldas del alma, la han hecho harapos y ha perdido la fuerza de las armas. Han hecho pesado el caminar, como si hubieran empapado los bajos de sus vestidos. Es tan pesado e incómodo por el frío de lo húmedo que invita a no salir de casa, pues el ambiente fuera es también húmedo y frío, traspasaría el tejido para escamar la piel con una rapidez que no se desea. Así se sabe dulce la sombra y resguarda con calor y más olvido. Es tan familiar que su abrazo disimula las imperfecciones y abuelen3 las virtudes.
Ah...! El clamor del piano... cuán olvidado! La titubeante creación de las letras, esas letras impropias, impersonales, que brotan como torrente. Un río en-ojado4, hora oculto, hora vislumbrado. No sé si es tierra o agua.

Los ojos, los ojos, ojos para la desgracia, para la podredumbre, para la alegría del consuelo, para el cansancio, para que “nada sea como antes”5, para que “nada cambie nada”6.

Esos ojos... buscan el polvo en los rincones, y los cacharros colmando la pila, y la ropa maloliente en la lavadora: buscan la dejadez, la pereza, el descuido.

Esos ojos... pellizcan puntos débiles con el fin de hacer saltar nervios, para arrancar de nuevo el amor donde parece dormido.

Esos ojos... búrlanse, mófanse, ríense7, de la torpeza de la mente, del descontrol de lo conocido, de lo escapista de lo latente, de lo atado e invisible: es necesario el deshonroso insulto, el cruel grito, la rotura feroz de los miembros, el gesto arrasador y la demagogia imperada.
Esos ojos... prestan ,visten, arreglan, cosen, disimulan, solo quieren llorar como llora su interior, solo quieren golpear las caras, sacar látigo y liberar con chasquido hiriente. No pueden, no saben vivir.

Esos ojos... son lo incierto.

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1 “Gota de madera pintada por el mito”: Definición de una máscara tribal llevada a cabo por Pablo Neruda en una de sus obras.
2 “¿Dónde estás... ?”: Recordatorio al ensayo denominado “Apelación” de esta misma obra.
3 Abuelen: Dícese de la acción reminiscente a la infuencia de las abuelas sobre sus nietos. Para ellas son auténticos ídolos, a pesar de que los defectos sean mayores en número e importancia que las posibles virtudes. Además todo aquello quedará exagerado hasta el extremo: superlativo.
4 En – ojado: Palabra que aúna dos significados: “enojar” (enfadar) y “en-ojar” (atribuir las características y la fatalidad al tiempo que supone la mirada angustiosa de varios ojos al detalle de los movimientos).
5-6 “Nata sea como antes”, “Nada cambie nada”: Recordatorio a la letra de la canción “Lamento” del cantautor Gian Marco.
7 Búrlanse, ríense, mófanse: Recordatorio a la lengua gallega, donde los pronombre siempre van tras la forma verbal, logrando con ello énfasis en las acciones y no en el agente que las realiza. En caso de destacar al agente, el pronombre se antepondrá a la forma verbal. Ésta es una manera de restar importancia al escritor.

viernes 7 de septiembre de 2007

Apelación


A mi pequeña siempre niña caneliblanca

Rabia, dolor, tristeza, olvido, muerte, fortuna, maldita fortuna allá en su laberíntica estancia donde el niño duerme tranquilo y seguro.
Divina complejidad ardida a yunque y fuego sin protección ocular, sin dudas ni remordimientos, sin resentimiento alguno, pues vaga es la esperanza de la fortuna en los perdidos en la ideática 1 existencia.

Producto efímero éste que perdura caducamente. Unos minutos tan solo tras la soberbia exposición del sacerdote proscrito pero que sigue sermoneando, cuyas palabras taladran hasta las paredes, tal es su martilleada reiteración, como si lo que pronunciase fuese todo pecado y malicia incomprendida por mis oídos, ya sordos de angustia por lo perdido inconcebiblemente.
Esas chispas desprendidas del hierro.

Todo resulta ya vacío, en blanco y negro, ni los verdes ni los azules de la ventana aúpan ya este amasijo cárnico.
¿Dónde reside aquella adolescencia infame de invencibilidad y tortura animática?.

Perdida es la persona que firma papeles ilegibles. Esa firma no cobrará sueldos algunos, ya sean de cuerpo o de alma.
Adiós a todos, porque no resurgirá más el Ave Fénix, como nunca lo ha hecho, porque en cada lucha murió la persona que fue, y porque se ha devorado a sí mismo pues no había contrincante al que matar descosidamente; ni antes, ni nunca, pues el ahora no existe.

¿Dónde estás amiga muerta?. Tu recuerdo no me ayuda, pues tu recuerdo no es tal, ni siquiera alimentándolo con soledad ganada en unas oposiciones llenas de sarcasmo.

No gana sentido esta guerra, ya perdida incluso antes de saber que se libraría de alguna manera atisbada.
La verdad no somete al vencedor, pues no hay vencedor, ni verdad alguna que muestre sus ojos azules, profundos, lóbregos y llorosos, pero vanidosos.

Verosímil es tu caída, amiga, pues nadie habrá de levantarnos del sucio suelo, quizás inexistente. Solo tú comprenderías mis palabras, aún sin hablar mi idioma. Tantas y tantas tardes de estío donde la presencia se hace consuelo y donde las palmaditas en la espalda bastan para echarte al fuego, allá en ese recóndito y oscuro agujero cuya tierra es al tacto reconocida por tus manos. Tal es este cínico destino.

¿Quién es el verdadero héroe?. De donde venga no tendrá nombre y no mirará a ambos lados del camino pues su mirada no es merecida, tal es su orgullo y su piedad fundidas, infinitas sin duda.

¿Qué haré sin tí ahora que la carrera ha terminado antes de llegar a la mitad del trayecto?. Son tantas las piedras del camino, las montañas, el peso gravitatorio que nos ata al suelo, que ya el vuelo, algo indigno, es imperceptible por mis sentidos mutilados congenéricamente. Las metas eran solo reflejos platónicos, sombras en las paredes cavernarias. Y lo seguirán siendo de aquí hasta el día no muy lejano del fin de la tragedia, quizás merecida después de todo.

La nobleza renacentista se urde en espumosa rabia. Lo maternal es ya humano hasta el extremo; y lo filial es despertado con el puño.

Palmas de manos que deben marcharse antes de la hora, purgatoria existencia, falsedad en harapos cuyos hilos se despuntan. Demasiado gastadas están estas ropas. El espejo de cada mañana se ha resquebrajado a manos de la desconfianza; y ahora, aún con miedo, busco tu imagen en su reflejo, amiga.

¿Por qué así, de esa forma?, ¿por qué toda esa sangre y dolor cancerígeno?, ¿por qué no en tu hogar?. Tú, que sí soñaste, debiste ser zancadilleada y reducida pues si no no habríamos quedado todos contentos.

Perdóname por ser cobarde, ya no queda valor en mí. La duda es ya un cuchillo en mi cuello y unos brazos esposando los míos. Sí, un ataque traidor por la espalda, pues ya estaba descuidado a sabiendas.

Recurso a la sentencia son estas palabras que leerás aun siendo medio ciega y sin conocimiento. Me comprenderás aun sin escuchar nada, pues todo estará ya dicho antes de pronunciar nada,
siquiera susurros.
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1 Ideática: Fusión de dos concepciones. Por un lado, concepción de la existencia real a través del “mundo de las ideas” propuesta por Platón. Por otro lado, concepción de una existencia idealizada.